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La Coctelera

Paraíso Xocolatl

La reserva de los Dioses

Categoría: Leyendas

23 Noviembre 2006

La leyenda sobre el Chocolate

La leyenda sobre chocolate

Creado: septiembre 12, 2006 19:55, actualizado: septiembre 13, 2006 00:35

Aunque mucha gente cree que los indígenas prehispánicos consumían el chocolate como en su forma actual, en realidad solamente se trataba de una bebida hecha de cacao, fruto regalo de Quetzalcóatl, dijo este jueves la investigadora Sylvia Kurczyn.

"La leyenda dice que Quetzalcóatl fue quien regaló el cacao a los toltecas, y los demás dioses lo castigan por dar conocimiento del preciado fruto.

"Él se roba el arbusto, lo planta y le pide a Tláloc, dios de la lluvia, que lo alimente, mientras que Xochiquetzal le pide que lo adorne con flores", narró en entrevista.

Quetzalcóatl lo deja crecer, recoge las vainas, tuesta el fruto, y enseña a mujeres a tostarlo y cómo batirlo.

"En esa época, un buen chocolate se definía por la espuma que tenía, lo que denotaba el esfuerzo hecho para batirlo.

"Desde entonces, la importancia del cacao en México, y después en el mundo, ya traducido en chocolate, permanece. Al grado que para los pueblos mesoamericanos se convirtió en moneda", relató Kurczyn.

El cacao en el mundo indígena se llegaba a utilizar ocasionalmente como una especia que saborizaba platillos salados.

Posteriormente, antes de la llegada de los españoles, surgieron muchas bebidas en las que el cacao se mezclaba con la miel del maguey, con la masa de maíz o con chiles.

Kurczyn destacó que la leyenda que existe alrededor de este fruto tiene mucha importancia, pues los indígenas sabían que el cacao era un alimento muy deseado.

Tags: cacao, chocolate

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23 Noviembre 2006

La Leyenda del Cacao

La Leyenda ...

¡CACAO! Afrodita jardín del puma y chocolate de Moctezuma. El chocolate -parece cuento- no lo inventaron en un convento. Unos lo achacan a los aztecas, disputan otros si chuchumecas. Hay sus dos credos con sus dos papas. ¡Si fue en Tabasco! ¡Si fue en Chiapas! Cacao con lengua del Anahuac es pan de dioses, o cacahuac. Y el hombre sabio sigue la broma, cacao en la lengua griega: Theobroma.
(Ramón María del Valle Inclán)
Quetzalcóatl descendió por un rayo de la estrella de la mañana, dejando asombrados a los toltecas con su aparición. Todo el pueblo comprendió que aquel aparecido no era un simple mortal y, desde luego, le rindió adoración rompiendo sus feos y oscuros dioses de barro. Le erigió una gran casa de 5 pisos escalonados, de 10 metros de altura, cuyo techo estaba sostenido por cuatro monumentales soportes de piedra con figura humana, adornando la fachada con bajorrelieves de grandes mariposas y de tigres que iban en pro- cesión en busca del dios -al que llamaron Tlahuizcalpantecutli ("señor de la estrella de la tarde") para hacer saber que dominaba el oriente y el po- niente, y venía de la estrella que hoy llamamos Venus, que en una época aparece por la mañana y en otra por la tarde. Este templo estaba con una gran plaza, alrededor de la cual se extendió la ciudad de Tollan -hoy Tula- que fue ciudad muy populosa en los siglos XI y XII de nuestra era. Y en los días en que era ciudad rica dominaba, junto con Quetzalcóatl-Tlahuizcalpantecutli, el dios Tláloc ("el señor que está de la tierra"), el dueño de las lluvias, dador de la vida y dueño de las almas separadas de los cuerpos. Reinaba también Xochiquetzal ("flor emplu-- mada"), la diosa de la alegría y el amor, esposa de Tláloc y descubridora del pulque. Todos los dioses eran buenos, y dirigidos por Quetzalcóatl enseñaron al pueblo tolteca el saber, hasta hacerlo sabio y artista, conocedor de la marcha de los astros, lo que le permitió medir el tiempo y señalar en el calendario el cambio de las estaciones para aprovechar las lluvias y levan- tar las cosechas. Bien alimentados los toltecas, dueños del maiz, del fri- jol, de la yuca y de todos los cereales y frutos, pudieron emplear sus horas en estudiar y ser admirables arquitectos, magnificos escultores y de- licados ceramistas. Quetzalcóatl, que los amaba, les dio además el don de una planta que había robado a los dioses, sus hermanos, quienes la guardaban celosamente, porque de ella obtenían una bebida, que pensaban, sólo les estaba destinada a ellos. Quetzalcóatl sustrajo el pequeño arbusto de flores rojas, prendidas a las ramas de hojas alargadas, inclinadas hacia la tierra, a la que ofre- cía sus OSCUROS FRUTOS. Plantó en los campos de Tula el arbolito y pidió a Tláloc que lo alimentara con la lluvia, y a Xochiquetzal que lo adornara con sus flores. El arbolillo dio sus frutos y Quetzalcóatl recogió las vai- nas, hizo tostar el fruto, enseñó a molerlo a las mujeres que seguían los trabajos de los hombres, y a batirlo con agua en las jícaras, obteniendo así el CHOCOLATE, que en el principio sólo tomaban los sacerdotes y los no- bles. Fue licor sagrado y lo tomaban agrio o amargo, de donde al parecer se deriva su nombre en maya: kahau, de kab (amargo). Más tarde se le mezcló con miel, y a la llegada de los españoles le agregaron azúcar y leche, tomándolo caliente y haciéndolo la bebida de lujo de la época colonial. Los toltecas fueron ricos y sabios, artistas y constructores; gozaban del rico chocolate y eran felices, lo cual despertó la envidia de los dioses, más aún, cuando descubrieron que tomaban la bebida destinada a ellos. Juraron venganza, contra Quetzalcóatl primero y contra el pueblo tolteca después. Para eso llamaron a Tezcatlipoca -"espejo humeante"-, dios de las noches y de las tinieblas. Este dios, enemigo de Quetzalcóatl, el dios lu- minoso, bajó a la Tierra por el hilo de una araña y disfrazándose de merca- der se acercó a Quetzalcóatl para ofrecerle la bebida que Xochiquetzal había descubierto. El dios luminoso se hallaba en su palacio, inmensamente triste, pues un sueño le había hecho saber que los dioses preparaban su venganza y temía por el pueblo al que había hecho rico, sabio y feliz. El falso mercader se le acercó y le dijo: -¿Por qué estás triste, Ometecutli -Porque los dioses han decretado mi perdición y el exterminio del pueblo Tolteca, respondió Quetzalcóatl. -Yo te ofrezco con este licor el olvido de tus penas y la alegría. Tómalo y serás nuevamente feliz, y lo darás al pueblo para que sea feliz también. Quetzalcóatl, que amaba al pueblo tolteca, creyó las palabras embusteras de Tezcatlipoca y bebió el jugo que se le ofrecía, que era el octli, el jugo fermentado del metl, el MAGUEY, llamado por el pueblo tlachiuhtli - o sea, el pulque. Se embriagó, con gran regocijo del malvado Tezcatlipoca, y bailó y gritó ante el escándalo del pueblo que lo miraba hacer gestos ridículos. Después se durmió y, al despertar, con la boca amarga y en la cabeza un dolor profundo, se dio cuenta de que los dioses lo habían deshonrado y que se preparaba para la ruina del pueblo tolteca y la caída de la gloriosa Tollan. Al sentir que Quetzalcóatl que ya nunca podría ver a los que había enseñado a ser buenos y honrados sin tener verguenza, decidió marchar hacia el rumbo de la estrella vespertina, su casa. Emprendió el camino llorando, máxime cuando encontró, al día siguiente de su embriaguez, que las plantas del cacao, de verdes y frondosas, se habían transformado en secas y espinosas, en mezquites. Marchó entonces hacia el mar, hacia la llamada Nonoalco, en las playas en las que hoy es Tabasco, y allí arrojó, por última vez, las semillas del cacao, que bajo su mano florecieron y quedaron ahí como la postrer dádiva del dios luminoso. Después entró al mar y, aprovechando un rayo de la luz de la estrella de la tarde, se volvió a su morada de luz.

El CHOCOLATE

El padre Francisco Xavier Clavijero, al escribir su Historia antigua de México a fines del siglo XVIII, dio cuenta de lo siguiente: "Con el cacao formaban bebidas, y entre ellas la que llamaban chocolatl, molían igual can- tidad de cacao y semilla de pochotl (es un árbol que da frutos parecidos a los del cacao), ponían todo junto en una vasija con una cantidad proporciona de agua y lo agitaban con un instrumento de madera llamado molinillo español, hecho esto ponían aparte la porción más oleosa que quedaba encima. En la parte restante mezclaban un puñado de pasta de maíz cocido y lo ponían al fuego hasta darla cierto punto y después de apartado le añadían la pasta oleosa y esperaban que se entibiase para tomarlo".
Durante el periodo virreinal, el consumo de chocolate sentó sus reales en todos los conventos españoles y portugueses de América. Se bebía chocolate a todas horas, en lugares sacros y profanos, y naturalmente se compraba en grandes cantidades, cosa que producía excelente dividendos a quienes lo ela- boraban. Había algunos obrajes (pequeños talleres artesanales), pero princi- palmente se confeccionaba en los conventos de la ciudad de México en forma de pastillas redondas o cuadradas, o en cilindros enrollados, teniendo así merecida famael chocolate elaborado por las monjas del convento de San Jerónimo, el de las madres capuchinas y el de Santa Clara.

Tags: cacao, chocolatl

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23 Noviembre 2006

Leyenda del Cacao en América

La leyenda del cacao nace en América
centro meridional, la palabra misma se deriva de la palabra azteca "Kakauatl" (Haba de cacao ) y fue bautizada posteriormente por el naturalista suizo Linneo "Alimento de los dioses".

Mayas y Aztecas además de atribuirle un valor místico / religioso, extraían de las habas de cacao una bebida llamada "Xocolatl", tonificante y amarga a la cual le añadían pimienta y pimentón rojo para volverla picante y maíz para espesarla.

La planta de cacao llegó a España con Cristóbal Colón y los españoles corrigieron el sabor muy fuerte de la bebida original sustituyendo las especies picantes con azúcar, canela o vainilla.

La atracción que ejerce el chocolate va más
allá de su sabor. El chocolate es puro placer
que comienza durante las pruebas e involu-
cra el espíritu. Es el único alimento que fun-
diéndose en la boca, inunda el paladar de
una multitud de sensaciones que dejan un
postgusto duradero y persistente dando
también una sensación de placer y satisfacción general, gracias a la serotonina y a la cafeína presentes. Solo saboreándolo lentamente, aspirándolo profundamente y desmenuzándolo con los dientes y las manos se pueden sentir los infinitos matices.
El aspecto estético debe ser impecable, el color siempre uniforme, sin discrepancias o estratos azucarados. Cuando se rompe con las manos se debe generar un sonido seco, claro, que acaricia el oído. Al tacto se puede disfrutar de la sensación de suavidad uniforme que continúa cuando se funde en la boca. En la punta de la lengua se siente la dulzura típica del cacao criollo mientras que al fondo se siente la nota amarga y condimentada del cacao forastero.Todo es una novedad en la infinita variedad de cacaos aromáticos que van entre el florido (sabor a flores), el frutado (sabor a frutas), el condimentado (sabor a especias) y el dulce, dejando un postgusto bien definido y envolviendo el paladar de una mórbida sensualidad.

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